viernes, 18 de enero de 2008

Homenaje Arturo Umberto Illia

Arturo Umberto Illia falleció hace veinticinco años, privado -como tantos otros argentinos- del ejercicio de la vida democrática porque, aunque en retirada, en la Argentina gobernaba el mal llamado Proceso de Reorganización Nacional que sesgó la vida de miles de militantes políticos.

Don Arturo fue la antítesis de los políticos actuales, hacía un culto del perfil bajo, de la honestidad, de la transparencia y la humildad. Seguramente jamás se le hubiese ocurrido subirse a un atril para denostar a sus adversarios políticos -que los tenía y eran crueles y despiadados con él- o para defender lo indefendible o poner en escena anuncios políticos que apenas son ciencia ficción.

En una época donde ya ni siquiera asombra el súbito incremento de los patrimonios personales de quienes ejercieron la función pública es bueno recordar que Don Arturo cuando asumió la primera magistratura de la República poseía una propiedad en Cruz del Eje, sus útiles de consultorio, un automóvil, y un depósito bancario de 300.000 unidades de la moneda vigente por la época pero cuando se fue solo conservaba la casa.

Adversarios no le faltaron ya que como presidente -pese a la inacción, debilidad que le endilgaban- anuló los contratos petroleros que había suscripto el ex presidente Arturo Frondizi con la Banca Loeb y con la firma Panamericana no solo porque no cumplieron las inversiones comprometidas sino porque poseían una cláusula, conocida como “cláusula de la hipocresía”, la cuál disponía que las empresas extranjeras se quedarían con las riquezas de los pozos hasta su agotamiento.

Tampoco era santo de la devoción de los poderosos laboratorios medicinales ya que había puesto freno - ley Oñativia mediante- a las desmesuradas y pingües ganancias que excedían a veces holgadamente el 1000 por ciento en insumos tan sensibles como los medicamentos.

Como si eso fuera poco la burocracia sindical y el matonismo dirigido por el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, acosaron a Illia con paros y planes de lucha desestabilizadores que solo perseguían el oscuro fin de ofrecer las condiciones de contorno óptimas para el Onganiato, dictadura militar presidida por el general Juan Carlos Onganía, cabeza del golpe y representante de la vieja facción azul del Ejército.

Un duro estigma que lo acompañó en su presidencia -gobierno minoritario- tiene su origen en solo obtuvo el 23 por ciento de los votos y no bastó la contundente mayoría del Colegio Electoral para liberarlo de ella, pero no fue obstáculo para que tomara las trascendentales decisiones en materia de soberanía económica, política y social que los sectores antipopulares debieron revertir con la fuerza que le conferían las armas.

Un monólogo de Tato Bores -de 1990- describe con su genial agudeza satírica las consecuencias de su derrocamiento: “La cuestión es que a Don Arturo lo rajaron porque decían que era muy lento, que era una tortuga. Ahí tuvimos un cacho la culpa todos porque los sindicatos, la C.G.T. le tiraba tortugas en Plaza de Mayo, los medios en contra, los periodistas en contra, los humoristas ….” y remata con un contundente “el problema no era que Don Illia era lento: el problema es que los que vinieron después fueron... fueron rápidos, y fuimos derecho pal’ cara...melo, fuimos, pero bah, pero rápido!”.

Su hidalguía como gobernante y demócrata es un ejemplo que aún los propios golpistas lo reconocieron. Así años después del golpe que lo sacó de la primera magistratura. Así el coronel Luis Perlinger, conspicuo y activo protagonista de su derrocamiento le envió una misiva que decía “Hace 10 años el Ejército me ordenó que procediera a desalojar el despacho presidencial. Entonces el doctor Illia serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: Sus hijos se lo van a reprochar. ¡Tenía tanta razón! Hace tiempo que yo me lo reprocho porque entonces caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar a un movimiento auténticamente nacional. Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo. El público reconocimiento que en 1976 hice de mi error; si bien no puede reparar el daño causado, da a usted, uno de los grandes demócratas de nuestro país, la satisfacción de que su último acto de gobierno fue transformar en auténtico demócrata a quien lo estaba expulsando por la fuerza de las armas de su cargo constitucional...”

Don Arturo ya no está, pero más que un recuerdo es un ejemplo vivido de un accionar políticamente correcto, de una conducta personal con plena armonía entre la practica cotidiana y la discursiva, un ejemplo de valores morales y conducta puesta al servicio del Pueblo. ¡Grande, Don Arturo!!!!

Ricardo Alberto Arrúa
de la Redacción de El Territorio

Fuente de la noticia :http://www.territoriodigital.com/nota.aspx?c=7050326598906533


2 comentarios:

.M. dijo...

Gracias por tu comentario. En efecto tengo apenas unos días con el blog y mis textos son largos. ¿Cómo diste con la página? Igual te agradecería si te gustó que lo recomiendes o lo postees en algún lugar o algo.

POCKETBLOG dijo...

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